No empezamos bien la temporada en Cáceres y vendrán, seguro, tiempos peores pero celebremos estos tres últimos partidos. Celebremos lo que el Baloncesto nos enseña…

Ayer salimos del partido con motivos para sentirnos orgullosos del Recoletas Zamora. Por la victoria y por la manera de construirla. Vimos a las jugadoras implicadas, ayudándose, trabajando para que el esfuerzo de una tuviera continuidad en el de la siguiente. Y eso merece detenerse un poco más allá de los puntos y la valoración.

Los 47 rebotes explican una parte importante de lo que ocurrió. Los 28 defensivos permitieron terminar muchas posesiones atrás, porque una defensa necesita asegurar el balón después de provocar el fallo. Antes están la presión sobre quien tira, la ayuda que llega a tiempo y el trabajo de cerrar a una rival para que una compañera pueda capturarlo. Ayer vimos ese compromiso compartido. Las ayudas llegaban y detrás había otra jugadora dispuesta a responder.

Los 19 rebotes ofensivos también tienen mucho valor: prolongan posesiones, permiten volver a atacar y obligan al rival a defender otra vez. Exigen insistencia, colocación y ganas de disputar un balón cuando el primer lanzamiento ya ha salido. Joana y Andrea terminaron con diez rebotes cada una, dentro de un esfuerzo al que contribuyeron muchas manos. También las de quienes trabajaron para que ese balón lo recogiera otra.

En ese funcionamiento colectivo hay que reconocer la dirección de Érika. Sus cuatro asistencias y su +21 acompañan una labor cuya importancia exige mirar el juego: organizar, dar continuidad al ataque y ayudar a que cada compañera encuentre su sitio. Dirigir también es interpretar cuándo conviene correr, cuándo hace falta ordenar y a quién hay que hacer llegar el balón. Ese criterio tiene mucho valor en un equipo que necesita aprovechar las virtudes de todas.

A menudo celebramos la canasta y dejamos en segundo plano las decisiones que la han preparado. El pase anterior a la asistencia, el movimiento que despeja una zona, la paciencia para encontrar una opción mejor. Ahí también hay talento. Y una buena dirección ayuda a que ese talento se conecte.

Lo de Sofía es otro motivo para leer las estadísticas con atención. Acabó con 1 de valoración y un +32. ¿Qué significa? Que, durante sus minutos en pista, el Recoletas Zamora anotó 32 puntos más que el rival. Es un dato del rendimiento del equipo con ella dentro, compartido con las compañeras de cada quinteto y condicionado por el desarrollo del partido. No permite atribuirle todo ese margen, pero sí obliga a mirar su actuación con más cuidado antes de resumirla en aquel 1.

Hay aportaciones que apenas aparecen en la valoración: mantener una buena posición defensiva, ocupar un espacio que facilita una penetración o cumplir una tarea que permite a otra jugadora destacar. Para reconocerlas hace falta seguir las posesiones completas, también cuando el balón está lejos.

Con Ana, además, está la importancia del momento. Sus 12 de valoración y su +23 son buenos números, pero quienes vimos el encuentro sabemos que hizo un partidazo. Una acción puede tener un peso enorme por cuándo llega, por su dificultad o por la confianza que transmite al grupo. La estadística la registra; la sensación que deja en el equipo cuesta mucho más medirla.
Nos dejó jugadas que esperamos ver entre las mejores de la jornada. Y da pena que su valoración no le haya alcanzado para estar entre las tres primeras. Eso no resta mérito a quienes están: nos recuerda cuánto puede quedar fuera de una clasificación.

También merecen reconocimiento los 15 de valoración y el +37 de Leticia, los diez rebotes de Joana y los de Andrea, el trabajo de Kathy, la aportación de Claudia y el esfuerzo de cada jugadora para sostener al grupo. Todas forman parte de lo que después vemos en pista. También desde los entrenamientos, donde se prepara buena parte de lo que acaba saliendo el día del partido.

Por eso tuvo tanto significado ver a las canteranas junto a la capitana en el último minuto. Esos minutos reconocen su ayuda, su preparación y el trabajo que lleva tiempo haciendo el club. Y ellas respondieron. La defensa mantuvo el compromiso y aquel −2 llegó desde los tiros libres del rival. Entraron a formar parte del mismo esfuerzo que estaban haciendo sus compañeras.

Eso nos hizo especial ilusión: comprobar que el compromiso se mantenía hasta el final, con las jóvenes asumiendo su responsabilidad junto a Ana.

Hay mucho trabajo del cuerpo técnico detrás de un equipo que se ayuda así, y mucha disposición de las jugadoras para llevarlo a la pista.

Da gusto reconocer a una jugadora por un gran partido. Y da todavía más gusto poder mirar al grupo entero y decir: gracias, se vio lo que hicisteis unas por otras.